La modernización de la aduana de San Luis Río Colorado es una aspiración de muchos años que hoy cuenta con el impulso del gobernador Alfonso Durazo. Sin embargo, mientras del lado estadounidense la transformación es evidente, los sanluisinos seguimos esperando que los grandes avances comiencen a notarse de este lado de la frontera.
Por Luis Carlos Bravo
Hay comerciales de televisión que, por alguna razón, terminan formando parte de la cultura popular mexicana. Uno de ellos es aquel de la Chevrolet Cheyenne, donde un padre, mientras contempla junto a su hijo una enorme extensión de tierras, le dice con orgullo: “Mijo, algún día todo esto será suyo”. El pequeño, más interesado en la camioneta que en la herencia, pregunta: “¿Y la Cheyenne, apá?”.
La respuesta nunca llega. Y la pregunta termina siendo lo más memorable del comercial.
Algo parecido comienza a ocurrir en San Luis Río Colorado, donde los ciudadanos podríamos preguntarnos: ¿Y la remodelación de la aduana, apá?
La modernización de la aduana mexicana es un proyecto del que se viene hablando desde hace varios años. Si la memoria no me falla, recuerdo que durante la primera administración del entonces alcalde Santos González Yescas, comprendida entre 2018 y 2021, ya se realizaban gestiones para concretar esta importante obra fronteriza.
Posteriormente, el gobernador Alfonso Durazo Montaño retomó e impulsó este proyecto, anunciando desde tiempo atrás las gestiones necesarias para hacerlo realidad. Incluso, durante 2025 ya se hablaba de la posibilidad de comenzar los trabajos y de los recursos destinados para su ejecución.
Fue finalmente el pasado 12 de marzo de 2026 cuando el mandatario estatal acudió a San Luis Río Colorado para colocar la primera piedra de la modernización de la aduana mexicana, un proyecto de aproximadamente 400 millones de pesos que permitirá complementar la transformación del puerto de entrada de San Luis, Arizona.
Sin embargo, aunque han transcurrido más de siete meses desde aquella ceremonia y mucho más tiempo desde que comenzaron a anunciarse las gestiones, lo cierto es que los avances todavía resultan poco perceptibles para quienes diariamente transitamos por esta frontera.
Hasta ahora hemos observado modificaciones en la circulación vehicular, particularmente el traslado del flujo de automóviles que ingresan de Estados Unidos a México, de la calle Primera hacia la calle Morelos, además de algunos ajustes menores. Sin embargo, todavía no vemos las grandes demoliciones, construcciones y movimientos que permitan dimensionar la transformación anunciada.
Del otro lado de la frontera, en cambio, el panorama es distinto. La modernización estadounidense muestra una infraestructura considerablemente avanzada, aunque el proyecto completo todavía tiene etapas pendientes.
Y es precisamente esa diferencia visual la que despierta la inquietud de los sanluisinos.
No tengo dudas de la capacidad de gestión del gobernador Alfonso Durazo. Su administración ha impulsado proyectos de infraestructura de gran importancia para Sonora, y considero que la modernización de nuestra aduana puede convertirse en otra de las obras que marquen su gestión.
Confío en que, antes de concluir su sexenio, el mandatario estatal podrá entregarla o, cuando menos, dejarla suficientemente avanzada para que quien lo suceda pueda inaugurarla durante los primeros meses de su administración.
Porque esta no es una obra cualquiera. Para San Luis Río Colorado representa una oportunidad de crecimiento económico, competitividad y desarrollo.
Somos una ciudad cuya economía depende en buena medida de la prestación de servicios y de los visitantes que diariamente cruzan desde Estados Unidos para acudir a consultorios dentales, clínicas médicas y dermatológicas, farmacias, establecimientos de belleza y comercios locales.
Una frontera más ágil significa más visitantes, mayor derrama económica y mejores oportunidades para cientos de familias que viven directa o indirectamente de esta actividad.
Por eso, resulta fundamental que la modernización de ambos lados de la frontera avance de manera coordinada. Poco serviría contar con una infraestructura moderna en Estados Unidos si del lado mexicano persisten las limitaciones que durante décadas han complicado la movilidad.
Ojalá que muy pronto comencemos a observar maquinaria, construcciones y avances que nos permitan dimensionar la magnitud de esta inversión.
Por ahora, la confianza en la capacidad del gobernador permanece. También la expectativa de que esta importante obra se convierta en una realidad.
Pero mientras llega ese momento, y con el mismo tono de curiosidad de aquel niño del comercial, los sanluisinos seguiremos preguntando:
¿Y la remodelación de la aduana, apá?





