Celida López, Javier Lamarque, Lorenia Valles, Froylán Gámez y María Dolores del Río llegan al proceso interno de Morena con fortalezas distintas. Más allá de quién resulte elegido para buscar la gubernatura de Sonora, la mayor prueba comenzará cuando el partido defina a su abanderado y el resto deba demostrar que la unidad también es una oportunidad.
Luis Carlos Bravo
Este viernes, los aspirantes a encabezar la candidatura de Morena a la gubernatura de Sonora darán un paso que, aunque es meramente administrativo, marca el inicio formal de un proceso que desde hace meses ya se libra en todo el estado. El registro en la Ciudad de México abre una nueva etapa para perfiles que llegan con fortalezas muy distintas y con historias políticas igualmente diversas.
Si esta contienda se midiera por el kilometraje recorrido, por las horas de carretera, por las jornadas de trabajo institucional combinadas con la construcción política y por la presencia constante en los municipios, Celida López arrancaría con ventaja. Pocos perfiles han dedicado tanto tiempo a recorrer Sonora mientras cumplían con las responsabilidades de un cargo público. A ello se suma el reto que representó dejar atrás su pasado panista, un desafío que, con trabajo y constancia, ha logrado atenuar ante buena parte de la militancia y de quienes hoy la identifican plenamente con el proyecto de la Cuarta Transformación.
Javier Lamarque representa otra fortaleza. Si el criterio fuera la experiencia, la capacidad de gobierno y los resultados ya probados en la administración pública, sería difícil encontrarle competencia. Su trayectoria habla por sí sola y lo mantiene como uno de los perfiles de mayor peso dentro del movimiento.
Lorenia Valles llega respaldada por una historia de permanencia en la izquierda, sin cambios de ruta política, además de la plataforma que le otorga el Senado. Froylán Gámez, por su parte, fue quizá el gran descubrimiento de la pasada contienda por el Senado de la República. Aunque no obtuvo el triunfo y quedó lejos de alcanzarlo, realizó una campaña que lo proyectó como uno de los cuadros jóvenes con mayor potencial dentro de Morena. Demostró capacidad, disciplina y cercanía con la gente, confirmando que el relevo generacional dentro del movimiento lleva, en buena medida, su nombre. Tiene tiempo, preparación y un futuro político que luce prometedor.
María Dolores del Río probablemente parte como una de las aspirantes con menores posibilidades dentro de las apuestas políticas. Sin embargo, sería un error subestimarla. Es una mujer profundamente inteligente, con una amplia trayectoria y una capacidad política ampliamente reconocida, cualidades que en cualquier proceso pueden marcar diferencia y convertirla en una competidora capaz de sorprender.
Cuando Morena elija a quien habrá de encabezar la candidatura a la gubernatura de Sonora comenzará, quizá, la prueba más importante. Será el momento en que todos los aspirantes demuestren que la unidad también representa una oportunidad, no sólo para llegar al gobierno, sino para llegar fortalecidos y sostener el proyecto en Sonora. Quien no resulte favorecido conservará capital político, fortalecerá su liderazgo y mantendrá abiertas sus posibilidades rumbo al 2030. Recordemos que muchas veces la mayor victoria no consiste en ganar una candidatura, sino en saber construir el camino para la siguiente.




