¿Quién es Doña Panchis? La historia detrás del personaje que rompió el molde en San Luis Río Colorado

En medio de decenas de páginas dedicadas a contenido policiaco, Doña Panchis irrumpió como un fenómeno local de humor creado por Víctor Gómez, un joven de 35 años que encontró en la comedia una forma de sanar… y sanar a otros.

Por Luis Carlos Bravo

En una ciudad donde el consumo digital está saturado por páginas policiacas, reportes de seguridad y contenido repetitivo, surgió un personaje que nadie pidió, pero que todos adoptaron: Doña Panchis. Detrás de la peluca despeinada, el vestido floreado y el desparpajo que la caracteriza, se encuentra Víctor Gómez, un joven de 35 años, originario de Caborca, pero que desde hace más de una década vive en San Luis Río Colorado, ciudad a la que considera suya y donde encontró el escenario perfecto para desarrollar su creatividad.

Víctor no solo interpreta a Doña Panchis; también da vida a otro personaje que ha ganado popularidad: El Flaco de Caborca, una figura que, al igual que Panchis, parte de la vida cotidiana y del humor fronterizo que conecta con la audiencia local.

El creador cuenta que todo comenzó hace apenas dos años, cuando decidió probar suerte con contenido humorístico. “Las ideas salen de la vida diaria: del vecino, de la prima, de experiencias propias…, explica. Antes de viralizarse, Víctor trabajaba como cualquier empleado de la ciudad, en fábricas y empaques, sin imaginar que un personaje tan simple terminaría por cambiarle la vida. “Tener una página humorística fue algo que se fue dando poco a poco. Jamás pensé dedicarme a esto, pero empezó a funcionar”, comenta.

En un entorno digital donde el morbo domina la conversación pública, Doña Panchis se convirtió en un respiro emocional para miles de sanluisinos. Para Víctor, el humor no es solo entretenimiento, sino una forma de acompañar a quienes atraviesan momentos complicados. “Entre tantas circunstancias difíciles, tratamos de dar un poquito de alegría, un poquito de humor. El chiste es sacarlos de la rutina y mostrar siempre el lado positivo”, afirma.

La conexión que ha logrado es tan fuerte que los niños lo buscan en cada evento público al que asiste. A donde aparece Doña Panchis, aparecen también pequeños que corren hacia él, le piden una foto, un abrazo e incluso que los cargue unos segundos. Ese cariño genuino se ha convertido en uno de los motores principales de su trabajo. “El amor de los niños es algo que nunca imaginé. Eso me impulsa muchísimo”, reconoce.

Ese impulso nace de su propia experiencia. Víctor reconoce que ha pasado por etapas de tristeza y depresión, y que interpretar a sus personajes es, en parte, una forma de terapia. “Meterme en este papel me sirve psicológicamente como no imaginas. Es como una autoterapia, confiesa.

El nacimiento de Doña Panchis

El personaje surgió de manera espontánea. El nombre “Panchis” fue una ocurrencia que sonó mexicana y cercana. El vestido fue una donación. La peluca, un regalo. Las pantuflas, una compra improvisada. Con esos elementos y una observación fina de la vida de barrio, Víctor construyó una figura que representa a la típica señora relajada y auténtica que cualquiera podría reconocer.

Aunque a veces cambia algún accesorio —un sombrero, unos lentes, zapatos en lugar de pantuflas—, la esencia de Panchis se mantiene intacta: una mujer común, divertida y profundamente humana.

Un futuro que apenas comienza

Cuando se le pregunta cómo se ve en unos años, Víctor es claro. “Con éxito, con futuro. Sé que se van a abrir otras oportunidades”. Considera posible crear nuevos personajes y evolucionar su contenido, pero siempre con la esencia que lo llevó a conectar con el público: la autenticidad.

Al inicio recibió críticas, incluso advertencias de personas cercanas que le decían que no lo hiciera. Hoy, en cambio, Doña Panchis es símbolo de creatividad local, un contenido disruptivo en medio del ruido policiaco y un recordatorio de que la risa también es noticia.

Víctor Gómez, creador de Doña Panchis y El Flaco de Caborca, encontró en la comedia una forma de conectar con la ciudad y aportar a la salud emocional de los sanluisinos. / Luis Carlos Bravo

Compártelo :