En un municipio donde nunca ha habido una alcaldesa, sobran perfiles femeninos con capacidad y arraigo. La pregunta no es si pueden, sino cuándo se les permitirá competir en condiciones reales.
Luis Carlos Bravo | Columna para Nuevo Sonora
San Luis Río Colorado nunca ha sido gobernado por una mujer. La historia política local, por décadas, ha colocado a los hombres al frente del Ayuntamiento, mientras que las mujeres han ocupado espacios importantes, sí, pero no el de mayor peso en la toma de decisiones. Lo más cercano ha sido la sindicatura municipal, un cargo que, en muchos casos, ha recaído en una mujer más por obligación normativa que por convicción política. Pero la presidencia municipal sigue siendo territorio inexplorado para el liderazgo femenino.
Y no, no es por falta de perfiles. Decir que en San Luis no hay mujeres capaces de gobernar sería, además de falso, una falta de respeto a una generación de liderazgos que se ha construido desde distintos frentes. Ahí está Paz Cortés, empresaria y abogada, que ha demostrado que incluso desde partidos con menor fuerza se pueden obtener resultados dignos, además de su constante trabajo social y jurídico en favor de las mujeres. Está también Hilda Herrera Miranda, con una presencia territorial sólida, sobre todo en el valle, donde su nombre es ampliamente reconocido.
En la escena más reciente aparece Rebeca Ching Hurtado, quien ha sabido capitalizar las redes sociales y conectar con sectores que antes parecían ajenos a la política tradicional. Perla Peralta, por su parte, ya conoce lo que es estar en la administración pública desde el DIF municipal, con experiencia que no es menor.
Y qué decir de Petra Santos, una figura con historia, con lucha y con un arraigo que pocas personas pueden presumir en esta región.
A esto se suman perfiles como el de la síndica Ana Pineda, respaldada por estructuras políticas vigentes; Karelina Castro, con presencia en el ámbito estatal; Elsa Oralia Cruz, desde el sector educativo; y Adriana López Alcalá, con experiencia en la función pública federal, pero también la magistrada Blanca Viera, con territorio y arraigo morenista. Es decir, hay perfiles, hay trayectoria, hay capital político. Lo que no ha habido es la decisión.
Porque aquí es donde entra la verdadera discusión. ¿Qué tendría que pasar para que una mujer no solo sea candidata, sino candidata con posibilidades reales de ganar? ¿Qué tendría que cambiar para que no se les utilice como relleno en una boleta o como una apuesta simbólica destinada al fracaso? La respuesta es incómoda para los partidos políticos, tendrían que ceder espacios de poder reales.
Mientras los partidos sigan reservando sus candidaturas fuertes para figuras masculinas y relegando a las mujeres a posiciones secundarias o escenarios adversos, la historia no va a cambiar. No se trata de cuotas, se trata de condiciones. No se trata de cumplir con la ley, se trata de competir en serio.
San Luis no está lejos de ver a una mujer en la presidencia municipal. De hecho, podría estar más cerca de lo que parece. Pero para que eso ocurra, se necesita algo más que talento individual. Se necesita voluntad política, apertura real y, sobre todo, una ciudadanía dispuesta a romper inercias.
La pregunta no es si San Luis está listo para ser gobernado por una mujer. La pregunta es si quienes toman las decisiones están listos para permitirlo.





