Llevar un proyecto del salón a la arena de competencia no solo pone a prueba conocimientos técnicos; también deja ver por qué estudiar ingeniería sigue siendo una apuesta de futuro para muchos jóvenes.
Por Luis Carlos Bravo
No es lo mismo ver cómo funcionan las cosas que hacerlas funcionar. Eso fue lo que pusieron a prueba Daniel Francisco Corrales, Francisco Javier Espinoza y Diego Gálvez, estudiantes de la Universidad Estatal de Sonora, al participar en el XVI Torneo de Robótica Sumobot Master 2026 con un robot desarrollado por ellos mismos.
El proyecto no salió de un manual. Lo diseñaron, lo armaron y lo programaron desde cero, con la asesoría del maestro Fernando Curiel. Detrás hay horas de trabajo, ajustes y pruebas, de esas en las que algo no funciona y toca regresar, mover piezas y volver a intentar.
En este tipo de competencias, el robot entra a la arena y ahí ya no hay discurso que alcance, es decir, responde o falla. El equipo logró buenas participaciones frente a otros grupos, pero más allá de los resultados, lo importante es que llevaron lo aprendido al terreno donde realmente cuenta.
El maestro Fernando Curiel explicó que es precisamente en ese proceso donde los estudiantes desarrollan su mayor capacidad, cuando se enfrentan a problemas reales y tienen que resolverlos. Señaló que estudiar una ingeniería no se limita al aula, sino que obliga a pensar, analizar y encontrar soluciones, llevando a los alumnos a un punto más alto de razonamiento y toma de decisiones.





