Puerto Peñasco necesita seguridad, sí, pero también necesita turistas

Encontrar el equilibrio entre los operativos de seguridad y la protección de la actividad turística debería ser parte central de la estrategia de los tres niveles de gobierno.

Luis Carlos Bravo / Opinión personal

Es justo reconocer el trabajo que están realizando las corporaciones estatales y federales en Puerto Peñasco. La AMIC, particularmente, ha encabezado acciones importantes y ha dado resultados en operativos recientes. Cuando existen hechos que atender, la autoridad tiene la obligación de actuar y hacerlo con toda la fuerza del Estado.

Pero Puerto Peñasco tiene una característica que obliga a mirar la estrategia de manera distinta. Es un municipio cuya economía depende, en buena medida, del turismo y especialmente de visitantes que llegan desde Estados Unidos. Por eso, cualquier movimiento extraordinario en materia de seguridad puede provocar efectos que van mucho más allá del propio operativo.

Hoy existe una percepción alterada en torno a la seguridad de Puerto Peñasco y eso inevitablemente repercute en la llegada de visitantes. Cuando el turista decide no viajar o cancela una reservación, la afectación no termina en la recepción de un hotel. A partir de ahí comienza una cadena que alcanza prácticamente a toda la economía local.

Los hoteles son quizá quienes reciben primero el golpe, pero detrás vienen los restaurantes, farmacias, gasolineras, tiendas de autoservicio, vendedores de mariscos, prestadores de servicios turísticos y los tradicionales puestos de “curios”, entre muchos otros negocios. Todos forman parte de una misma cadena y, de una u otra manera, buena parte de sus ingresos emana del dinero que deja el visitante. Si el turista no llega, el dinero tampoco circula.

Y esa realidad no debe minimizarse. Una habitación vacía también puede significar una mesa sin clientes en un restaurante, menos combustible vendido, menos compras en una tienda de autoservicio, menos ventas en una farmacia y menos ingresos para quien todos los días abre un pequeño puesto esperando a los visitantes. En un destino como Puerto Peñasco, el turismo no beneficia únicamente a quienes se anuncian como negocios turísticos: mueve buena parte de la economía de la ciudad.

El problema, entonces, no es que haya policías, investigaciones o acciones contra quienes alteran la tranquilidad. Eso tiene que continuar. El verdadero reto es encontrar la media: que las autoridades puedan combatir con firmeza la inseguridad sin perder de vista el impacto que un despliegue extraordinario puede tener sobre un mercado turístico extremadamente sensible a la percepción.

Por eso Puerto Peñasco necesita una estrategia hecha a su medida. Una coordinación todavía más fina entre Federación, Estado y Municipio que permita actuar con contundencia contra la delincuencia, pero procurando que las acciones necesarias tengan el menor impacto posible sobre la actividad turística y comercial.

No se trata de bajar la guardia ni de esconder los problemas. Mucho menos de pedir que las corporaciones dejen de hacer su trabajo. Al contrario: los resultados de la AMIC y de las fuerzas que participan deben reconocerse. Se trata de entender que proteger a Puerto Peñasco también significa proteger el sustento de miles de familias cuya economía depende directa o indirectamente de que el visitante siga llegando.

Puerto Peñasco necesita seguridad, sí, pero también necesita turistas. Encontrar ese equilibrio debería ser parte de la estrategia de quienes tienen en sus manos la seguridad del municipio. Porque combatir al crimen y proteger la economía turística no deberían ser objetivos enfrentados.

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