Entre conciertos multitudinarios, calles deterioradas, protestas por la educación y escenas que reflejan los privilegios de la política, la visita a las Fiestas del Pitic me dejó algo más que música, me dejó momentos que retratan varias de las realidades que hoy vive Sonora.
Luis Carlos Bravo | Columna de opinión personal
Estoy en Hermosillo, la capital de mi querido Sonora. Vine a las Fiestas del Pitic y vine principalmente por ella: Lila Downs. Una cantante que admiro profundamente no solo por su música, sino por su manera de pensar, de defender causas sociales y de usar el arte como una herramienta de conciencia.
Las Fiestas del Pitic, la verdad, lucen espectaculares. Muchísima gente, familias enteras caminando felices por las calles, conciertos gratuitos y una cartelera bastante completa: Maná, Grupo Frontera, Molotov, El Tri, Piso 21, la propia Lila Downs y muchos más. Eventos de primer nivel sin que la gente tenga que pagar un boleto. Eso sí, el Uber sí se cobra como si incluyera backstage y fotografía con el artista. Los precios, por la alta demanda, se disparan de una manera impresionante. Y sinceramente no culpo a los conductores; trabajan muchísimo y además tienen que lidiar diariamente con algo que Hermosillo sigue arrastrando: el pésimo estado de muchas de sus calles.
Y hablando de calles, he pasado tantos ratos arriba de un Uber estos días que prácticamente ya siento que hice un diplomado intensivo sobre lo que le duele a Hermosillo. Fácil me aviento cinco o seis viajes diarios y en casi todos termino platicando con los choferes sobre cómo ven su ciudad, cómo sienten el trabajo de su gobierno municipal y del Estado. La mayoría reconoce a Antonio “Toño” Astiazarán como un buen presidente municipal, pero también señalan que Hermosillo sigue cargando un problema gigantesco con sus calles. Baches, avenidas parchadas y vialidades muy deterioradas forman parte de la conversación cotidiana.
De hecho, uno de los conductores, mientras esquivaba un hoyo enorme, me recordó aquel episodio en el que la exalcaldesa Celida López terminó llorando mientras decía una frase que todavía muchos hermosillenses recuerdan: “Yo qué más quisiera que pavimentar todas las calles de Hermosillo”. Y es que más allá de colores o partidos, la frase terminó retratando una realidad evidente: mantener en buenas condiciones una ciudad tan grande y tan golpeada por el calor extremo no es cualquier cosa. Hoy ese mismo monstruo le toca enfrentarlo a Toño Astiazarán, a quien además algunos choferes también le cuestionan el tema reciente de las fotomultas, asunto que sinceramente todavía no termino de entender del todo, pero que claramente trae inconforme a más de uno.
Y por cierto, por acá en Hermosillo también me encontré al alcalde Iván Sandoval, quien vino a reunirse con el secretario de Gobierno, Adolfo Salazar. Al parecer trae algunas gestiones bajo el brazo o proyectos en la mira para San Luis Río Colorado. La verdad no me quedó claro el motivo exacto de la reunión, aunque uno siempre espera que este tipo de visitas sean para tocar puertas y conseguir cosas buenas para nuestra ciudad. Aunque bueno… también existe la posibilidad de que haya venido a recibir uno que otro jalón de orejas. En política nunca se sabe.
Otro detalle que siempre me brinca en este tipo de eventos es el lugar que se le da al arte indígena sonorense. Ahí está, sí, pero casi como un adorno secundario dentro de una fiesta gigantesca. Hay talento, historia y cultura de sobra en nuestros pueblos originarios, pero pareciera que siguen ocupando un espacio pequeño dentro de eventos enormes. Como si se les incluyera por compromiso y no por verdadera convicción cultural.
Y hablando de contrastes, resulta imposible ignorar que incluso el escenario principal de las Fiestas del Pitic, el Foro Rosales, luce vestido por enormes lonas con la palabra “HUELGA”. El escenario se encuentra justamente en la zona de los famosos “hot dogs de la Uni”, a un costado de la Unison, una universidad que desde hace meses no ha podido resolver ni controlar el conflicto laboral que mantiene paralizadas muchas de sus actividades. Es curioso ver cómo una de las fiestas culturales más importantes del estado ocurre literalmente rodeada por mensajes de protesta y crisis educativa.
Pero lo que realmente me dejó pensando ocurrió durante el concierto de Lila Downs. Y es que el segundo escenario principal de las Fiestas del Pitic fue instalado justamente al pie del Congreso del Estado de Sonora, un Congreso que desde hace meses permanece tomado parcialmente por manifestantes que exigen atención a temas relacionados con la educación, algunos incluso mediante huelga de hambre y presencia permanente las 24 horas.
Coincidí ahí con el diputado Omar del Valle Colosio. Los dos estábamos a pocos metros de la cantante. La diferencia fue que yo, como decenas de fans, llegué desde temprano para apartar lugar y alcanzar una buena vista. Él no. Él llegó prácticamente cuando el evento ya había comenzado y aun así terminó colocado en un área reservada exclusivamente para personas con discapacidad.
Tan era un espacio especial, que justo enfrente había una intérprete traduciendo las canciones y mensajes de Lila en Lengua de Señas Mexicana.
Y aquí es donde entra mi crítica.
Porque honestamente creo que hay dos posibilidades: o el diputado tiene una discapacidad y entonces le ofrezco una disculpa pública anticipada por esta opinión, o simplemente aprovechó su posición, su apellido, sus relaciones o su investidura para ocupar un espacio que no le correspondía.
Y eso, sinceramente, me parece abusivo. Más todavía por el momento en que ocurrió.
Porque mientras el diputado disfrutaba cómodamente del concierto, Lila Downs detuvo por un momento el espectáculo para mirar hacia el Congreso del Estado y dedicar unas palabras a quienes protestan afuera del recinto.
“¡Que viva la educación! ¡Y que viva esta gente hermosa que se encuentra por acá atrás en este Congreso del Estado de Sonora, que pide por la educación, que hace huelgas de hambre por la educación! Porque parece que tenemos educación, pero allá está para abajo, ya no es nuestra prioridad; cuando si lo fuera, otro mundo sería este”.
El momento fue poderoso. Incómodo para algunos. Necesario para otros.
Y ahí estaba también Omar del Valle Colosio, secretario de la Comisión de Educación y Cultura del Congreso local, escuchando el mensaje a escasos metros de distancia.
Hasta aquí mi reporte.





