Cubeta de cangrejos

En Morena San Luis, la dinámica interna se asemeja a una cubeta de cangrejos. Cuando uno intenta avanzar, otros lo jalan hacia abajo. Pero aquí no es por competencia ni ingenuidad, sino por rencores del pasado, heridas no cerradas y conflictos personales que siguen marcando el rumbo del partido.

Por Luis Carlos Bravo | Columna para Nuevo Sonora

Lo que hoy ocurre dentro de Morena en San Luis Río Colorado no es un fenómeno nuevo, pero sí uno que se ha vuelto cada vez más evidente, constante y difícil de ocultar. La reciente visita de la dirigente estatal Judith Armenta vino a confirmar lo que en el terreno político local ya se da por hecho. Hay divisiones internas identificables y activas. Su declaración, en la que confía en que la inteligencia de los liderazgos será suficiente para superar los conflictos, suena más a un llamado a la esperanza que a una lectura precisa del momento que vive el partido en esta frontera.

Porque si algo ha quedado claro es que la inteligencia política no siempre se traduce en voluntad para ceder. En San Luis lo que predomina no es la falta de capacidad, sino la falta de disposición para construir acuerdos.

Morena no enfrenta hoy una oposición sólida desde el exterior. No es el PRI, ni el PAN, ni Movimiento Ciudadano quienes están marcando la agenda o poniendo en aprietos al partido guinda. La verdadera tensión está adentro. Los grupos están bien definidos, los liderazgos también, y las diferencias ya no se quedan en lo privado. Se manifiestan en comentarios indirectos, en mensajes entre líneas y en posturas que se difunden a través de terceros. Aunque no se digan de frente, son perfectamente entendidas por quienes están dentro del juego.

En Morena San Luis no hay un solo liderazgo claro. Hay al menos cuatro, y cada uno se asume autosuficiente. Esos cuatro grupos tienen nombre y apellido. Uno es encabezado por el delegado de la Secretaría de Gobernación en Sonora, Ricardo Lugo. Otro por el presidente municipal de San Luis Río Colorado, Iván Sandoval. Un tercero por el exalcalde Santos González Yescas junto a su hijo Alejandro González González, actual agente fiscal. Y un cuarto grupo, que no entra en confrontación directa pero sí marca su distancia, es el encabezado por el diputado federal Manuel Baldenebro. Ese es, quizás, el problema de fondo. Todos se sienten capaces de ganar solos, pero en la práctica ninguno puede avanzar sin los otros.

En lugar de complementarse, compiten entre sí, se miden constantemente y en más de una ocasión terminan frenándose unos a otros.

Es ahí donde aparece la metáfora que mejor describe el momento, la cubeta de cangrejos. Cuando uno intenta salir, los demás lo jalan hacia abajo. Y no es ingenuidad ni simple dinámica de grupo. Es consecuencia de rencores del pasado, de conflictos no resueltos y de heridas que siguen abiertas, que se reactivan cada vez que alguien intenta dar un paso al frente.

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A esto se suma un ingrediente que eleva la tensión. El proceso rumbo al 2027. Aunque formalmente aún falta tiempo, en los hechos la carrera ya comenzó. Los distintos grupos locales han empezado a alinearse con figuras estatales que buscan la candidatura a la gubernatura, y eso ha endurecido las posiciones. Cada visita de aspirantes no solo sirve para medirse ante la ciudadanía, también exhibe las fuerzas internas. Ahí se hace más evidente la fragmentación. Hay estructuras que se activan a medias, apoyos que no son totales y eventos que dependen más de afinidades internas que de una estrategia común de partido.

Judith Armenta no se equivoca al pensar que eventualmente habrá acuerdos. Morena ha demostrado que, llegado el momento de las decisiones importantes, suele cerrar filas. El problema está en el “mientras tanto”. Ese desgaste cotidiano, esa confrontación silenciosa pero constante, sí tiene efectos. Debilita la imagen del partido, genera incertidumbre entre la ciudadanía y deja ver un desorden que tarde o temprano alguien más podría capitalizar.

Aquí está el punto central. Morena en San Luis Río Colorado no se está debilitando por sus adversarios, sino por su propia dinámica interna. Ningún partido de oposición ha logrado lo que los propios morenistas sí están consiguiendo. Dividirse, desgastarse y proyectar falta de cohesión.

Al final, alguien tendrá que entender que ser el primero en sacar la bandera de la paz no es un acto de debilidad, sino de inteligencia política. En escenarios como este, el liderazgo no lo define quien grita más fuerte, sino quien es capaz de ordenar, conciliar y construir.

Hoy ese liderazgo aún no aparece con claridad en San Luis. Y mientras eso no ocurra, Morena seguirá atrapado en su propia paradoja. Tiene el poder, pero se comporta como una cubeta de cangrejos donde nadie deja salir a nadie.

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