La reaparición de Marco Othon vuelve a agitar el escenario político local y rompe la aparente calma rumbo a las próximas decisiones electorales. Su regreso al juego reconfigura aspiraciones y obliga a más de un actor a replantear estrategias.
Luis Carlos Bravo | Columnas de opinión personal
Hace apenas unas semanas, el nombre de Marco Othon parecía entrar en esa lista incómoda de perfiles que, de pronto, desaparecen del radar tras dejar un cargo. Su salida de la dirección general del Fideicomiso del Puente Río Colorado fue leída por muchos como un tropiezo definitivo, como esos nocauts técnicos que no requieren conteo. Pero mientras algunos daban por terminada la pelea, Marco hacía lo que pocos: no soltó la esquina.
Nunca rompió la línea con el gobernador, nunca dejó de mostrarse institucional, nunca se bajó del discurso oficial. Y en política, la lealtad pública —sobre todo cuando arrecian los vientos— suele ser una moneda de altísimo valor.
Hoy la historia da un giro. Marco está de vuelta en el gobierno estatal, en una posición que, aunque en papel pueda verse por debajo de la anterior, políticamente lo coloca en una vitrina mucho más visible: frente al Registro Civil, en contacto directo con la gente, con la estructura, con el pulso ciudadano. No es un escritorio lejano; es territorio.
Y eso, en tiempos donde ya empiezan a acomodarse las piezas rumbo a la alcaldía y a las diputaciones locales bajo las siglas de Morena y sus aliados, no es un movimiento menor.
Porque aquí lo que muchos leen no es sólo un nombramiento administrativo, sino un mensaje político: el que parecía fuera de la contienda, sigue en la pelea.
Seguramente, más de uno de los nombres que hoy se mencionan en voz baja —o en sobremesas muy calculadas— como posibles cartas para el 2027 volteó a ver la noticia con cierta incomodidad. No porque Marco haya levantado la mano formalmente, sino porque su simple regreso al tablero altera el juego.
La política local es corta de memoria, pero larga de rencores. Y también es maestra en algo: los que sobreviven a una caída suelen volver más cautelosos, más duros y con mejor lectura del ring. Si algo dejó este episodio, es aprendizaje. Y a veces, el aprendizaje pesa más que cualquier cargo.
Marco no sólo volvió a una dependencia del Gobierno del Estado de Sonora. Volvió al escenario político del que algunos creyeron que había salido. Volvió con reflectores, con estructura cercana y con la narrativa perfecta: la del que cayó, se levantó y siguió peleando.
En box y en política, eso siempre cambia la pelea.





