El Diagrama de Venn de la política sanluisina

Rumbo a 2027, Morena en San Luis Río Colorado vive una reconfiguración silenciosa: cuatro liderazgos avanzan separados, pero el poder real se definirá en el punto donde sus intereses se crucen.

Columna de opinión personal | Luis Carlos Bravo

En la teoría de conjuntos, el diagrama de Venn permite identificar las coincidencias entre distintos grupos. En la política de San Luis Río Colorado, Morena podría explicarse perfectamente bajo esa lógica, cuatro círculos bien definidos, con diferencias claras entre sí, pero con un punto inevitable de intersección.

Por un lado está el equipo político de los Sandoval, encabezado por el presidente municipal Iván Sandoval y su hermano, quien formó parte del anterior ayuntamiento. En otro círculo se encuentra el diputado federal Manuel Baldenebro, con una trayectoria ampliamente conocida en las colonias y una estructura territorial construida con el paso de los años. Un tercer grupo es el de los González, liderado políticamente por el exalcalde Santos González Yescas, aunque mediáticamente el rostro más visible es su hijo, Alejandro González González. Finalmente, está el equipo que encabeza Ricardo Lugo, actual delegado de Gobernación Federal en Sonora y senador suplente, cuya cercanía con el gobernador es constante por la naturaleza de su encargo.

Aunque cada grupo opera con su propio estilo, estrategia y base política, todos coinciden en un mismo punto, es decir, reconocen y respaldan el liderazgo del gobernador Alfonso Durazo, no solo como autoridad estatal, sino como figura central del movimiento. Ese respaldo es, sin duda, el centro del diagrama de Venn, el espacio donde todos los círculos se tocan.

De cara al 2027, las aspiraciones son claras y se concentran principalmente en tres posiciones: la candidatura a la alcaldía, la diputación local por el Distrito 1 y la diputación federal. Son cargos estratégicos y altamente competitivos. Sin embargo, al haber cuatro grupos políticos con legítimas aspiraciones y solo tres espacios electorales de alto perfil, uno de ellos -o dos-, inevitablemente, quedaría fuera de la boleta.

En ese contexto, de los cuatro grupos políticos hay uno que ha decidido dar un paso adelante, una jugada que puede resultarle altamente beneficiosa o, en términos políticos, enviarlo al cuarto lugar si esto fuera una competencia. El equipo encabezado por Alejandro González González ha expresado abiertamente su respaldo a la aspiración de la senadora Lorenia Valles para convertirse en la candidata de Morena a la gubernatura en 2027, mientras que el resto de los grupos políticos ha optado por mantenerse en una postura de neutralidad entre Valles y Lamarque, al menos de manera pública.

Ese movimiento temprano contrasta con una etapa clave que se avecina y que podría convertirse en una señal del rumbo político en el corto plazo. En enero, es altamente probable que se presenten cambios en cargos administrativos y directivos dentro de la Universidad Tecnológica de San Luis Río Colorado, incluido el relevo en la rectoría. Será en ese momento cuando se observe con mayor claridad cuál de los grupos políticos —los encabezados por Ricardo Lugo, Manuel Baldenebro o Iván Sandoval— recibe el respaldo del gobernador, ya sea de manera individual o mediante una combinación de fuerzas.

Ese “palomeo” no será un hecho menor. Por el contrario, enviará un mensaje político contundente sobre quién cuenta con mayor confianza, proyección y margen de crecimiento dentro del movimiento. En la lógica del poder, incluso quien no aparezca en la boleta puede ser recompensado con un encargo estratégico que le permita mantener influencia, acomodar cuadros y seguir construyendo un proyecto político a mediano plazo.

Al mismo tiempo, es evidente que las relaciones entre los cuatro grupos no atraviesan su mejor momento.

Quien decida dar el primer paso y acercarse a otro grupo podría colocarse en una posición distinta dentro del diagrama, moviéndose hacia el área donde las coincidencias pesan más que las diferencias. Sin embargo, no es sencillo. El comportamiento humano —y político— ha demostrado que sostenerse firmemente en las propias convicciones suele interpretarse como una muestra de poder.

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